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El agente Maciá se ha jubilado

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Durante doce años patrulló la ciudad junto a su inseparable pastor alemán Willy

El último día en que Ramon Garcia Maciá se puso el uniforme de Policía Local, Eduardo Barbany (Maximo Dutti), llamó a toda su dependencia para que estuviera presente en la despedida que quería hacerle y para lo cual leyó un escrito de despedida que el policía que el próximo 18 de julio cumplirá 65 años, recordará toda su vida. Las dependientas de Filocolore le regalaron una botella de Cardhus (¡sin saber que es abstemio!), pensando que ese era su whisky favorito, ya que cuando le invitaban a una taza de té él la rechazaba añadiendo, en plan de coña, que si al menos fuera una copa de Cardhus… Aquel último día de servicio, el jueves 16 de junio, llegó a casa con tantos regalos de los comerciantes de Gran Centre que parecía un rumano tras haber asaltado varios establecimientos del centro. La jubilación de este policía local es el fin de un estilo muy personal de ejercer la profesión de policía. La quintaesencia del idearium de lo que tiene que ser un policía de barrio.

RAMON GARCÍA, para todos el agente Maciá, nació en el seno de una familia de masovers de la masía de Can Parera en Parets. Su padre, Ramon, era natural de Pobla de Vallbona (Valencia) y su madre, Dolors, del Parets de toda la vida. En la Escuela Nacional de Parets con los señores Reig y Colomer, consiguió los estudios primarios. “Su hijo tendría que estudiar”, le dijo más de una vez el maestro a Dolores, pero el chico de esta familia de tres hermanos (Jaume y Trini), tenía que trabajar, y eso fue lo que hizo al cumplir los 14 años. Empezó de peón en una empresa de la construcción de su pueblo hasta que supo que los hermanos que la llevaban eran un poco gitanos y que no cotizaban a la Seguridad Social, así que cambió de oficio y entró en Can Barangé, en el ensanche de Parets, como aprendiz en el taller mecánico de esta empresa de tintes. Tenía 18 años cuando entró en la Motor Ibérica (cuando se llamaba BOSUGA, acrónimo de sus tres propietarios: Bonet, Sunyer y Garriga). Allí trabajaba cuando le llamaron a quintas con destino Tenerife. Como toda la gente de su generación, aquello significaba ‘descubrir’ el mundo más allá de los estrechos límites de su municipio. Guarda buen recuerdo de la experiencia: La amistad, el compañerismo y también la importancia ...

Publicado el 08 / 07 / 2010
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